El grupo que participó en el taller "Guiar la Costa". Crédito: Carolina Yáñez Rismondo.

Relatos con historia: pescadores artesanales se preparan para potenciar el ecoturismo en los Refugios Marinos

Un taller para transformar historias de mar en experiencias memorables.

| Comunidades & Educación | 30 Jun 2026

La tenue luz de una calma y soleada mañana bañaba la costa de Cachagua. No corría ni una pizca de viento y casi no asomaban nubes en el horizonte, pese a que apenas unas semanas atrás los pronósticos de lluvia amenazaban con poner en jaque todo. Pero el aguacero nunca se dejó caer, y un esplendoroso sol otoñal acompañó una jornada de educación ambiental al aire libre pensada para fortalecer herramientas de interpretación del entorno y guiado costero con especial énfasis en aves y mamíferos marinos. 

¿El objetivo? Promover su aplicación entre pescadores y pescadoras artesanales que son parte del programa de Refugios Marinos de Fundación Capital Azul. 

La actividad, que reunió a un grupo de 15 representantes de las organizaciones de la pesca artesanal de La Polcura, Cachagua y Ventanas, fue facilitada por Carolina Yáñez Rismondo, bióloga marina, educadora ambiental y cofundadora de Fundación Lontra. Carolina, reconocida por su trabajo en el proyecto Pajareando Aprendo y su vasta trayectoria como guía de turismo de intereses especiales en BirdsChile, aportó una personalidad vivaz y carismática indispensable para el dinamismo de la jornada. 

La actividad fue facilitada por la carismática Carolina Yáñez Rismondo. Crédito: Javiera Espinoza Jara.

El arte de contar el mar  

Con su energía irrefrenable, Carolina fue conduciendo un taller que arrancó en la sede del Sindicato de Pescadores de Cachagua con una simple pero poderosa pregunta para romper el hielo: “¿Cuál es tu comida favorita?”. Entre risas, los participantes fueron conectando con ella y sus humoradas que, casi como en un stand up comedy, cautivaron hasta al más serio.

“Reírse es muy importante para estas cosas”, explica Carolina, quien reconoce que se sorprendió con la motivación y el compromiso mostrado por el grupo a lo largo del taller, así como con las preguntas y el pensamiento crítico que fueron nutriendo la actividad.

Después de la presentación y la parte más técnica del taller en sala, el grupo partió hacia la playa Grande de Cachagua. En todo momento fue un aprender-haciendo de metodologías y recomendaciones sobre cómo hacer un buen guiado, con herramientas propias del storytelling y la comunicación efectiva, exprimiendo la capacidad de cada uno de cautivar al turista desde la interpretación del entorno. Pero no sólo fue una instancia práctica de formación, sino que también de intercambio en el que los participantes fueron aportando con sus propios saberes y experiencias.

Cargada con monocular y binoculares, Carolina dispuso una actividad lúdica en la playa: el grupo se dividió para dar inicio a un juego de roles de guías y visitantes. Armando un relato rápido en base a los tips entregados, cada persona fue asumiendo un papel con el mar como telón de fondo, y recibiendo el feedback amable y constructivo de sus acompañantes. 

Monoculares y binoculares permitieron observar la avifauna del lugar. Crédito: Javiera Espinoza Jara.

Superando el «Síndrome del Impostor»

Luego fue la hora de aprender sobre el uso de monoculares y binoculares, la importancia de la vestimenta y el apoyo visual que puede encontrarse en diversas guías de campo. Mientras ponían en práctica los aprendizajes frente a la Isla de Cachagua -Monumento Natural y Santuario de la Naturaleza donde los pingüinos de Humboldt se lucieron con su elegante plumaje- quedó en evidencia una certeza central: más allá de los datos y la información proporcionada con IA, es el vínculo honesto de una persona con su territorio lo que verdaderamente cautiva al visitante.

Esa conexión directa con el entorno demostró que la raigambre local es un valor insustituible, y que puede marcar diferencias a la hora de construir un relato genuino. Es por ello que en el diseño de la actividad resultó clave también integrar conocimientos, experiencias y vínculos de cada participante con su lugar de origen.

“Los pescadores y pescadoras artesanales son algunos de los mayores conocedores de sus maritorios. Hay toda una riqueza de conocimientos, experiencias, afectos y significados que surge precisamente de vivir y relacionarse cotidianamente con el lugar”.

Javiera Espinoza Jara

Encargada de educación ambiental de Fundación Capital Azul

En su trayectoria dictando talleres y cursos a diversas audiencias, Carolina Yáñez explica que a menudo se topa con el clásico “síndrome del impostor”. Esta inseguridad juega en contra a la hora de relatar los aspectos más sabrosos de un lugar, aquellos capaces de transformar un guiado insulso en una experiencia memorable. 

Carolina remarcó que las pescadoras y los pescadores no necesitan memorizar contenidos ajenos, sino validar su propia historia: “Muchas veces uno piensa que no sabe nada o que no tiene cosas interesantes que contar. Es como una inseguridad muy metida en el ser humano. Pero justamente lo más valioso que tienen son sus propias historias, esas salidas con sus abuelos, de cuando eran niños. El dato no es lo interesante; que ellos cuenten sus propias historias los acerca a la gente. Esa parte humana es lo que cobra un sentido especial”.

El vínculo con el territorio-maritorio demostró ser clave para construir un relato genuino y poderoso. Crédito: Javiera Espinoza Jara.

Potenciando economías locales sostenibles

Esta jornada de aprendizajes representó un paso adelante para que las organizaciones de la pesca artesanal comiencen a estructurar, de manera gradual, una economía local sostenible. Al hacer dialogar el resguardo de sus Refugios Marinos con la educación ambiental y la interpretación de las memorias bioculturales, las comunidades avanzan hacia la diversificación de sus fuentes de ingresos a nivel comunitario. 

“Este taller nos entregó recomendaciones y cosas totalmente nuevas para nosotros, que nos abren la mente para poder aplicar y mejorar lo que ya teníamos. La energía con que Carolina trabaja nos ayudó bastante para reflexionar sobre cómo poder presentar nuestro Refugio Marino y el Área de Manejo”, reconoció Cristóbal Molina, del Sindicato de Pescadores de Cachagua.

Jazmine Durán, en tanto, del Sindicato de Pescadores de Ventanas, comentó que “encontré espectacular el taller. Me pareció algo super útil porque se abre un abanico de posibilidades en relación al turismo y lo que podemos mostrarle a los visitantes que vienen a nuestra localidad”.

Carolina junto a representantes de los Sindicatos de Pescadores Artesanales de Ventanas y Cachagua. Crédito: Javiera Espinoza Jara.

La calidez y el carisma de Carolina sacó aplausos, sobre todo por la manera cercana y entretenida de compartir su experiencia y consejos. 

“Aprendimos mucho de ella. Junto a Javiera nos dieron un muy buen taller, que nos sirve mucho. Fue una muy linda oportunidad para aprender técnicas para aplicar en nuestro Refugio Marino y poder guiar de mejor forma a nuestros visitantes. Este tipo de actividades dejan bonitas enseñanzas, y ojalá que podamos seguir participando de talleres como estos”.

Luis Oyanedel

Sindicato de Pescadores de La Polcura

Al cierre de la jornada, pescadores y pescadoras se retiraron contagiados de energía y con un portafolio de nuevas ideas para implementar en sus respectivas Zonas Voluntarias de Protección, demostrando que el cuidado del océano y el desarrollo comunitario caminan de la mano.