El examen se rindió en Muelle Barón, en Valparaíso. Crédito: Tomás Moggia Cárdenas.

Bajo el agua comienza el relevo de las caletas: nuevos buzos mariscadores obtienen su certificación

Siete participantes del Curso de Buzo Mariscador Básico con Énfasis en Sostenibilidad superaron las pruebas ante la Autoridad Marítima.

| GEF ICB | 30 Sep 2026

Entre los 12 y 13 años, Mauricio Silva Tapia miró por primera vez el fondo del mar a través de una máscara. No sabía todavía que aquella imagen terminaría acompañándolo durante décadas. Su abuelo había sido buzo. Su padre también. El mar, dice, siempre estuvo cerca.

 

Ahora, con la licencia de Buzo Mariscador Básico en las manos, siente que una parte de esa historia familiar continúa. “Es un amor incondicional al mar”, cuenta. “Seguir ligado al mar es algo muy emocionante, muy importante para mí”.

Mauricio fue uno de los siete participantes que, el pasado 15 de septiembre, aprobaron el examen práctico ante la Autoridad Marítima y obtuvieron su certificación como Buzo Mariscador Básico. Habían llegado hasta allí después de meses de preparación, entrenamiento y clases que combinaron teoría, seguridad, primeros auxilios, fisiología, técnicas de trabajo submarino y sostenibilidad de los ecosistemas marino-costeros.

Mauricio Silva Tapia (izq.) durante la prueba práctica ante personal de la Armada. Crédito: Tomás Moggia Cárdenas.

El Curso de Buzo Mariscador Básico con Énfasis en la Sostenibilidad Marino-Costera fue organizado por Fundación Capital Azul en el marco del Proyecto GEF Incentivos para la Conservación de la Biodiversidad e impartido por ValpoSub. La iniciativa forma parte del trabajo que se desarrolla junto a las comunidades pesqueras en la Región de Valparaíso para fortalecer capacidades locales y seguir avanzando hacia una gestión sostenible de los ecosistemas marino-costeros.

El proceso comenzó con nueve participantes vinculados a los Sindicatos de Pescadores Artesanales de Maitencillo y Ventanas, que también participan de las experiencias demostrativas del Proyecto GEF Incentivos, además de familiares, colaboradores de las caletas y personas provenientes de otras comunidades costeras. Tres de ellas son mujeres. De los nueve que iniciaron la formación, siete aprobaron el examen teórico y luego pasaron a la evaluación práctica en el Muelle Barón. Los siete aprobaron esa última etapa.

Personal de la Armada dirigiendo el desarrollo del examen en Muelle Barón. Crédito: Tomás Moggia Cárdenas.

Las pruebas no eran simbólicas. Los y las postulantes debieron nadar 100 metros en menos de dos minutos y medio, realizar un minuto de apnea estática y 15 metros de apnea dinámica, aclarar una máscara de buceo bajo el agua y compartir aire con dos compañeros en el fondo marino.

Para Ema Salazar, el desafío tenía una dificultad adicional: a diferencia de varios de sus compañeros, no tenía experiencia previa en buceo. Durante el examen tuvo que repetir dos veces la prueba de nado de 100 metros. Volvió a intentarlo y lo consiguió.

“Es un cúmulo de emociones haber logrado este desafío”, dice. “Para mí es un gran logro”. Ahora piensa en lo que viene: seguir practicando y avanzar hacia nuevas licencias y especializaciones.

Ema Salazar debió esforzarse al máximo y no bajar los brazos para pasar el examen. Crédito: Tomás Moggia Cárdenas.

RECAMBIO GENERACIONAL

Detrás de la celebración existe, sin embargo, una preocupación que atraviesa a muchas caletas y organizaciones de la pesca artesanal: quiénes continuarán haciendo este trabajo cuando las generaciones que hoy sostienen el oficio ya no puedan hacerlo.

Andrés Smith, encargado de monitoreos de biodiversidad en Fundación Capital Azul, ha visto ese cambio de cerca. Cuenta que en las organizaciones con las que trabaja se observa un declive de la actividad de buceo y una falta de relevo generacional. “Los buzos ya están más viejos y los jóvenes no se interesan tanto en la actividad marítima”, señala.

José Valencia, coordinador de Experiencias Marinas del Proyecto GEF Incentivos, destacó que “este curso responde a una necesidad concreta de las Experiencias Demostrativas Marinas en la Región de Valparaíso: contar con más personas capacitadas y certificadas para avanzar posteriormente hacia monitoreos de biodiversidad y servicios ecosistémicos en los Refugios Marinos. Para el Proyecto GEF Incentivos, fortalecer estas capacidades locales es fundamental, porque permite que las propias organizaciones de la pesca artesanal vayan adquiriendo las herramientas y conocimientos necesarios para generar este tipo de información en sus áreas de manejo, evaluar los resultados de las medidas de conservación y avanzar hacia una gestión adaptativa con enfoque ecosistémico”.

En ese contexto, la certificación tiene una dimensión que va más allá de la licencia. El curso buscó ampliar la base de personas capacitadas en las caletas y acercar a nuevas generaciones a un oficio que, durante décadas, se ha transmitido principalmente dentro de las familias vinculadas al mar.

El programa, de 120 horas y desarrollado en modalidad semipresencial, incorporó entre sus contenidos el conocimiento del medio ambiente marino y la sostenibilidad. La idea fue que la formación técnica conviviera desde el comienzo con una comprensión más amplia del ecosistema en el que se desarrolla la actividad.

Fundación Capital Azul espera vincular a quienes obtuvieron su certificación con el trabajo de monitoreo de los Refugios Marinos que impulsa junto a organizaciones de la pesca artesanal. Estos espacios necesitan información periódica para conocer cómo evolucionan sus ecosistemas y si aumentan, por ejemplo, la cantidad y biomasa de las especies que los habitan.

La idea es que buzos y buzas puedan continuar su formación. Crédito: Tomás Moggia Cárdenas.

“La primera capacitación era para que aprendieran a bucear y se certificaran ante la autoridad marítima, y ahora nos toca enseñarles a monitorear”, explica Smith. La meta es que esa nueva especialización pueda abrir también oportunidades laborales vinculadas a la conservación.

En otras palabras, la certificación no marca el final del proceso, sino el comienzo de otra etapa: pasar de aprender a sumergirse a aprender a registrar la vida marina con metodologías científicas y transformar lo que allí se observa en información útil para las propias comunidades.

Con siete nuevas certificaciones, las caletas de Maitencillo, Ventanas y otras comunidades costeras de la Región de Valparaíso suman ahora personas con una nueva herramienta para trabajar bajo el agua. Lo que ocurra después dependerá de cuánto de ese conocimiento logre quedarse en el territorio y convertirse, también, en una capacidad para cuidar el mar.

El grupo que aprobó el examen junto a sus instructores de ValpoSub. Crédito: Tomás Moggia Cárdenas.